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MAYO 2008

cuando como ciudad puerto le ganó la patriada al resto del país, hasta

llegar a ser hoy la ciudad región que alberga un tercio de su población

y, también, nodo parte del sistema global de ciudades –, hoy le juega

unamala pasada. Es como si actualmente no pudiera con ello. Porque

para gobernarse ya no le es suficiente su histórico andamiaje jurídico-

administrativo, ni es eficiente lamanera tradicional en que los facto-

res del poder real dirimen los conflictos territoriales.

Decir esto puede sonar a una de esas afirmaciones apocalípticas a las

que estamos acostumbrados últimamente, si no va de lamano de

una convocatoria a cambiar de algúnmodo lamirada. Una invitación

o apelación a la ciudadanía y a su sistema de decisiones – públicas y

privadas –, para reflexionar, darse cuenta que es ineludiblemodificar

su inercia y su cultura urbanística y así poder aspirar a una ciudad

mejor, para empezar a saldar la ciudad pendiente. Porque es hora de

dar cuenta que el territorio donde los ciudadanos de Buenos Aires vi-

vimos y producimos – nuestro suelo urbano –, es un recurso escaso y

de alto valor agregado, producto de un largo proceso de acumulación

colectiva. De lo contrario,mantener como ley del juego la disputa por

el suelo y los beneficios de la urbanización, sin asumir los costos so-

ciales que esto supone, es sinónimo de enfatizar las luces y sombras,

las grietas y fricciones urbanas que acaban consolidando una ciudad

más insegura e ineficiente,menos equitativa y amigable.

(*) Jefa de Gabinete de la Subsecretaría de PlanificaciónTerritorial de la

Inversión Pública,delMinisteriode Planificación Federal,Inversión Pú-

blica y Servicios

tura. Y está también de manera explícita en lo referente a las polí-

ticas de corte metropolitano, en el documento recientemente edi-

tado por la Subsecretaria de Urbanismo y Vivienda de la Provincia

de Buenos Aires, “Lineamientos Estratégicos para la Región Me-

tropolitana de Buenos Aires”. Ambos documentos, con distinta vo-

cación en términos político institucionales pero de similar abor-

daje conceptual, expresan un alto grado de madurez por parte del

colectivo profesional comprometido en la materia.

¿A qué se debe entonces que este bagaje colectivo siga quedando en

los papeles? ¿Por qué los legisladores de la ciudad de Buenos Aires no

puedan juntar el consenso para aprobar los postulados básicos del

PUA? ¿Qué sucede también con la reclamada autoridad de transporte

metropolitano conmás de 15 años de vida,innumerables proyectos y

estertóreas iniciativas de puesta enmarcha qué no salen de los despa-

chos? ¿Y cuál es la razón sobre lasmiles de veces en que se anunció la

reconversión de las playas ferroviarias sin superar la instancia de ejerci-

cio de facultad,concurso de ideas o iniciativa inmobiliaria frustrada?

Quienes desde un lugar u otro hemos asistido a este proceso, omás o

menos conocemos el medio profesional y los circuitos de toma de de-

cisiones en esta ciudad, -además de consternarnos una y otra vez- no

podemos más que situar las razones de la inacción en el campo de la

sociología, el capital social, donde se asientan las condiciones de go-

bernabilidad de un territorio. De alguna forma se podría decir que el

poder que Buenos Aires fue concentrando – desde el momento