

la consecuente exclusión de los intereses y capacidades de los
distintos actores que operan en el territorio; y, d) el tecnocra-
tismo de los análisis y las propuestas, desligados de los conflic-
tos socio - políticos sobre los que se construye cotidianamente
la ciudad.
Adicionalmente, estos debates se ampliaron a partir de las
transformaciones mundiales ocurridas en todos los campos du-
rante los últimos 20 ó 25 años y que han sido lo suficientemente
importantes como para cuestionar conceptual y metodológica-
mente las ideas y la práctica de la gestión territorial tradicional.
Aún en un contexto de revisión de paradigmas, existe consenso
acerca de cuáles son las condiciones básicas que requiere un
plan urbano hoy: a) desplegar un conjunto de estrategias urba-
nas claras y eficaces, b) contar con proyectos fuertemente vin-
culados a estas, c) lograr un consenso social que las / los legi-
time y d) construir un acuerdo político institucional que las /
los lleve adelante.
Las evidencias empíricas de los resultados del proceso seguido en
la elaboración del PUA muestran que esas 4 condiciones básicas
no se alcanzaron. Un nuevo fracaso del enfoque tradicional de la
planificación vuelve a poner en discusión los viejos – nuevos
temas tal vez demasiadas veces discutidos en 40 años de debates
conceptuales y metodológicos pero pocas veces implementados.
La planificación urbana no es una actividad técnica, revestida de
“neutralidad” y capaz de establecer parámetros normativos del
“deber ser” a largo y mediano plazo. Es, fundamentalmente, una
actividad técnico-política capaz de aportar grados de racionali-
dad al manejo de la ciudad y que siempre opera en situaciones
de conflicto y de poder en disputa.
Confundir plan con planificación y confundir un plan que tiene
muchos dibujos y algunas propuestas con urbanismo, sigue
siendo recurrente y, lamentablemente, sigue mostrando, en la
realidad de los hechos, sus limitaciones.
La versión actual del PUA
El documento actual del PUA es resultado y heredero de las fa-
lencias del proceso anteriormente comentado. Escasamente de-
batido en los ámbitos profesionales y académicos, fuertemente
cuestionado por las instituciones intermedias e ignorado por el
sistema político y por los agentes económicos (mas allá de de-
claraciones circunstanciales) la versión actual del PUA expresa
dos estrategias elegidas para facilitar su tratamiento: la aper-
tura de un nuevo proceso de participación desde 2005 y la re-
redacción del documento con la convicción que una mayor sín-
tesis y generalidad en los planteos permitiría construir un sis-
tema más amplio de acuerdos.
De tal forma, el PUA actualmente en discusión está conformado
por un conjunto de lineamientos o directrices generales que si
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MAYO 2008